La guarida del Fabricante de Ceniza

Por fin…

… llegó el día, y con éste, ¡la última página del primer capítulo de Resurrección (Crónicas del Caído)!

Le golpeó en el brazo.

El espectro esputó un alarido animal. La carne muerta se retrajo. La dentadura poblada de dientes afilados lanzó un mordisco al aire, y su mirada, ahora dorada, me fulminó al disiparse en un cono de humo que escapó a la oscuridad de la planta superior.

El portón se abrió y me escabullí como pude, entorpecido por el pánico. Tropecé con algo que me hizo rodar por los tres peldaños de piedra de la calle hasta el camino de tierra. Se cerró con fuerza. En los tobillos descalzos afloraron unos moretones; el hombre del traje gris me había agarrado de ellos. Me erguí de un brinco y corrí calle arriba. Los perros atestaron la noche de aullidos cuando un rugido de león prorrumpió de la casa, y algo se rompió en ella: el cristal de una ventana.

Por eso no puedo mirar a la casa. Temo verle. Temo…

—¿Ferrán? —Escucho decir a Clara—. Sal de ahí.

Alzo la vista. ¡Mi hijo de cinco años está en la entrada, la puerta abierta!

—¡Sal de ahí! —grito, pero no sirve de nada.

El abuelo, que en paz descanse, optó por no volver a cambiar el cristal del ventanal frontal de Casa Armesto porque decía que siempre se rompía. Ahora entiendo por qué. Él, aquello, siempre ha estado allí, esperando con inquietante calma a que yo regresara. El traje gris sigue polvoriento, igual que su rostro marchito, mirando con aquellos ojos deslumbrantes y triunfales que añoran mi miedo.

—¡Ferrán! —vuelvo a gritar, corriendo hacia la casa, contagiando la angustia a mi esposa. Pero mis pies no se mueven.

Mi niño se ha vuelto. Sonríe feliz y me hace un gesto con la mano derecha, pero no sé qué significa, si hola o adiós. La puerta granate se cierra con un fuerte golpe y lo engulle hacia su estómago de pasillos y habitaciones.

El hombre del traje gris estira los labios hasta mostrarme una sonrisa tan grande como la de aquel día, y retrocede lentamente, hacia la oscuridad, tras la ventana rota.

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Esta entrada se publicó el 5 octubre 2011 en 19:52 y se archivó dentro de Crónicas del Caído, Resurrección. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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