La guarida del Fabricante de Ceniza

“Sólo un sueño”, un relato breve para el #DíadeMuertos

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«Sólo un sueño», lleva un tiempo repitiéndose. «No puede ser otra cosa».

La soledad ha invadido las calles. Imposible en esa noche, la más vivaz del año en México.

Vivaz…

Una palabra curiosa para definir la fiesta del Día de los Muertos. Pero es así, bañada en colores tan ricos como la música, como las reuniones familiares que se forman alrededor de los sepulcros, como los espíritus errantes de sus inquilinos.

Pero nada de eso existe. Toda esa felicidad se ha disuelto, y farolillos, guirnaldas y calaveras de cerámica y papel maché han adquirido una tonalidad monocromática, como una vieja película en blanco y negro devorada por el polvo de años.

Deambulando, atenazado por un frío repentino que se ha ido agravando hasta hincarle los dientes en los músculos, ha llegado al Panteón Civil de Dolores, sin recordar cómo.

«Sólo un sueño. Sólo es un sueño. Aquí lograré despertar», insiste, perdido por el laberinto de nichos, con fotografías que lo observan con ojos vacíos, sin nadie que los venere…

O sí.

Un grupo de diez personas rodea un mausoleo con coronas de argento y flores de ceniza sólida. Trata de hablarles, y de su boca no sale más que aire entrecortado. Y, aun así, lo ha escuchado esa decena de niños, con rostros sustituidos por máscaras deformes, como dibujos emborronados por una mano torpe y húmeda, los dedos descarnados tocando guitarras de cuerdas mudas.

Entonces, la ve, entremedio de su séquito, luciendo un vestido de niebla y un sombrero francés decorado con fruta carmesí. Distingue, bajo el ala, la negrura de sus cuencas, su eterna sonrisa de dientes grandes. La Catrina es tan hermosa que le provoca un dolor lacerante en el pecho, y de ese dolor florecen tres regueros de lava incandescente que intensifican la gelidez en su piel. Ella estira los dedos largos de marfil y anillos de oro y joyas de alma, oscureciendo el mundo, disolviéndolo como un tintero que se vuelca y lo sepulta todo con tinta fresca.

«Sólo un sueño», musita sin voz, dejando que los últimos golpes del corazón resistan en su pecho, cada vez más débiles. «Sólo es un sueño».

La boca sin labios besa su mejilla, dulce, fría, triste y trágica, y le susurra, antes de que la vida se apague:

«Sí, lo será por siempre».

Esta entrada se publicó el 2 noviembre 2018 en 20:10 y se archivó dentro de Uncategorized. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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