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Especial Halloween: Bunnyman

Año 1904. El Asilo Mental para Criminales de Clifton, en el condado de Fairfax, Virginia, cierra las puertas por la mala reputación que ha ganado y por las múltiples quejas de los ciudadanos, que no quieren vivir con el temor de que algún preso escape y pueda causarles daño.

Los presos tienen que ser trasladados a otros centros cercanos, pero el transporte que los lleva sufre un extraño accidente. Al acudir las autoridades, descubren que el conductor ha fallecido, al igual que la mayoría de los presos, pero al comprobar la lista, descubren que diez de ellos han debido de escapar tras el incidente. Después de una batida en la que participan todos los agentes de Clifton, junto a algunos voluntarios, detienen a ocho reos, quedando sólo dos sin encontrar: Douglas J. Grifon y Marcus A. Wallster, siendo el primero un peligroso asesino, responsable de haber matado a su propia familia.

Pasan los días sin dar con ellos, sin embargo, los habitantes reportan algo extraño y tétrico: se encuentran varios conejos despellejados, colgados en los árboles del bosque, algunos parcialmente comidos. Ante todas las denuncias que llegan, las autoridades deciden volver a buscar, hallando el cadáver de Wallster bajo el paso elevado de Colchester.

Por un error del propio Grifon, la noche del treinta y uno de octubre, éste es localizado y perseguido. Tratando de escapar, cruza las vías del ferrocarril, muy cerca de donde se produjo el accidente de autobús, y es atropellado por la locomotora, aunque parece que una serie de risas inunda el lugar cuando el tren sigue su trayecto.

Desde entonces, se dice que, durante los días previos a Halloween, y en éste también, un hombre vestido de conejo y armado con un hacha acecha por la zona, además de que se encuentran conejos despellejados colgados de los árboles.

Una aparición

Desde muy pequeño, me encanta Halloween. Aunque a nuestro país ha tardado en llegar, y lo que celebraba en sí era la Castanyada, siempre lo he ligado con el terror, tal vez directamente gracias a la película de John Carpenter “La noche de Halloween”. Por estas fechas, iba al videoclub de delante de casa, alquilaba unos VHS y me hinchaba a palomitas de sartén, castañas y gominolas. Pero, de más adulto, empezaron a llegarme algunas historias de terror, contadas entre amigos, que me atraían tanto como las películas, tal vez por ese deseo que jamás oculté de ser escritor. Una de éstas fue la leyenda de un asesino en serie que actuaba en la misma época del año que Michael Myers, Bunnyman, el “Hombre Conejo”, y que extendía su ola de crímenes hasta un siglo más tarde. ¿Un copycat o el fantasma de Douglas J. Grifon?

El historiador y archivista de la Biblioteca pública de Fairfax, Brian A. Conley, ha indagado en los posibles orígenes de esta historia y en ciertos hechos acaecidos en la década de los 70 y 80. Al parecer, se decía que este criminal podía estar detrás de varias desapariciones infantiles en el condado en las últimas décadas, incluyendo el asesinato de dos de estos niños, colgados de un puente… Sólo algo para alimentar la leyenda, donde antes de la década de los 80 pocas veces se comentaba que se hubiera producido crimen alguno. No es hasta ese momento que se llegan a mencionar hasta más de una treintena de crímenes, y donde se incluyen elementos de carácter paranormal para convertir el relato en algo aún más aterrador.

La investigación de Conley lo llevó a descubrir que, el veintinueve de octubre de 1970, seis agentes de policía se personaron ante el aviso de que alguien vestido de conejo, armado con un hacha, merodeaba por el 5307 de Guinea Road, en Fairfax, aunque no encontraron a nadie. A pesar de haber la declaración de un testigo que tuvo contacto directo con Bunnyman, junto con la denuncia de varios niños que lo habían visto, y al que describían como un adolescente, no se arrestó a nadie.

¿Una noticia falsa?

Días antes del anterior suceso, el dieciocho de octubre, el diario Washington Post publica un artículo sobre el incidente que vive una pareja en su coche, Robert Bennet y su prometida, en el 5400 de Guinea Road, a la medianoche. Se supone que, en algún momento de intimidad entre ellos, aparece un vehículo conducido por una persona vestida con un traje de conejo blanco, que los amenaza por estar en una propiedad privada y, directamente, lanza un hacha desde el interior por la ventana, sin causar víctimas.

No hay informes policiales al respecto, cosa que sí ocurre con el incidente del veintinueve de octubre, publicado también por el mismo periódico, aunque sólo esté basado en una serie de testimonios y no en pruebas físicas. ¿Histeria colectiva?

La leyenda continúa

Durante la investigación de Conley, éste no encontró en ningún listado ni informe los nombres de los criminales fugados en la historia original, Wallster y Grifon, además de desmontar otros detalles de la leyenda urbana, restándole toda credibilidad. Aun así, Bunnyman continúa haciendo apariciones periódicas hasta nuestros días, y ciertos hechos fatídicos reales no dejan de hacer que el imaginario colectivo se encargue de relacionarlos con el mito. Por ejemplo, en el año 2018, el cadáver de un residente de la zona, el señor Cooker, se halló en el 6500 de Colchester Road, a menos de un kilómetro del puente que forma parte de la leyenda, y no se pudo evitar hacer mención, por parte de uno de los policías que llevaron el caso, el hecho de que sucediera en un lugar tan vinculado a Bunnyman.

Una ubicación real

Lo que le da más veracidad a una historia (incluso a una claramente de ficción) es ubicarla en un lugar real, y aunque jamás existió un Asilo Mental para Criminales en Clifton, y no se abrió la prisión de Lorton hasta doce años más tarde de la fecha en la que se sitúa la historia, el lugar donde aparecería el cadáver de Marcus A. Wallster sí es el real, aunque tampoco coincide con la fecha del relato, pues se construyó en 1906. Este lugar, cercano a la estación ferroviaria de Sangster, el Colchester Overpass, es conocido popularmente como el “Bunnyman Bridge”, el puente del Hombre Conejo.

Debido a la fama del paso inferior, los amantes del misterio y lo paranormal han hecho de éste un punto importante de investigación, teniendo especial afluencia la noche de Halloween, lo que lleva a la policía local a aumentar la vigilancia en estas fechas.

Espero que, si no conocías la leyenda de Bunnyman, te haya atraído tanto como a mí. ¡Que disfrutes de esta Noche de Difuntos! ¡Feliz Halloween!

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Las huellas del diablo

“Parece que la noche del jueves pasado, hubo una fuerte nevada en el vecindario de Exeter y el sur de Devon. A la mañana siguiente, los habitantes de las ciudades mencionadas se sorprendieron al descubrir las huellas de algún extraño y misterioso animal dotado con el poder de ubicuidad, ya que las huellas se podían ver en todo tipo de lugares inexplicables: en la parte superior de las casas y las paredes estrechas, en los jardines y patios, encerrados por altos muros y pavimentos, así como en campos abiertos”.

El nueve de febrero de 1855, este titular de prensa llamó la atención entre muchos los vecinos de los condados de Devon y Dorset, al sur de Inglaterra. Esa misma noche, tras una fuerte nevada, se produjeron una serie de huellas en la nieve, de cascos o pezuñas de animal, nada fuera de lo común, si no hubiese sido porque parecían provocadas por un bípedo y no por un cuadrúpedo, y porque aparecían en los lugares más insospechados, desde paredes altas y tejados de viviendas, la superficie de lagos y ríos helados, hasta accediendo y saliendo a pequeñas tuberías de desagüe, algo imposible para lo que había dejado dichas pisadas. Lo más aterrador, según algunos testigos, era que mientras, en ocasiones, el rumbo de aquel ser era errático, en otras se dirigía directamente a la entrada de las casas, como si quisiera acceder a éstas, y desaparecían para continuar en el tejado o al otro lado del edificio.

¿Obra del diablo?

Directamente, muchos de los habitantes de los dos condados atribuyeron las huellas a un ser sobrenatural, ya que era impensable que, en especial con aquel temporal, un animal pudiese haber recorrido un trayecto de entre sesenta y ciento sesenta kilómetros, dejando su marca en treinta lugares diferentes, y por zonas de difícil trayecto. De ahí que se dijera que, para horror de todos, el diablo había merodeado por sus tierras, a saber con qué motivo, y prolongó su paso durante una o dos noches más. En ciertas versiones, para intensificar la presencia demoníaca, se contaba que las huellas se presentaban como si hubiesen sido hechas por una herradura candente, que había chamuscado el terreno.

Se llegó a decir que, por el estilo de la pisada, podía pertenecer a Buer, un demonio mencionado en el grimorio “Ars Goetia”, considerado presidente de la segunda orden de los infiernos. Éste, además de poseer cabeza de león, tendría alrededor de su cuerpo una rueda compuesta por cinco patas de cabra.

Relatando lo ocurrido

Una carta de un anónimo, que utilizó el seudónimo “Espectador”, fue enviada al diario “Exeter & Plymouth Gazette”, días más tarde del incidente, para divulgar lo ocurrido:

“Señor:

El jueves por la noche, el ocho de febrero, estuvo marcado por una fuerte caída de nieve, seguida por la lluvia y el fuerte viento del este, y por la mañana helada. El regreso de la luz del día reveló las divagaciones de un animal más ocupado y misterioso, dotado del poder de la ubicuidad, ya que sus huellas podían verse en todo tipo de lugares inexplicables: en las casas, muros estrechos, en jardines y patios rodeados de muros altos, y empalizadas, así como en los campos abiertos. La criatura parece haber retozado a través de Exmouth, Littleham, Lympstone, Woodbury, Topsham, Starcross, Teignmouth… Apenas hay un jardín en Lympstone donde sus huellas no sean observables, y en esta parroquia parece haber brincado una actividad inexpresable (…).

Su pista se parece más a la de un bípedo que a un cuadrúpedo, y los pasos son generalmente de ocho pulgadas (20,32 centímetros) por adelantado el uno del otro, aunque en algunos casos, doce o catorce (30,48, y 35,56), y se alternan como los pasos de un hombre, y se incluirían entre dos líneas paralelas, a seis pulgadas (15,24) de distancia. La impresión del pie se asemeja mucho a la del casco de un burro, y desde una pulgada y media (3,81 centímetros) hasta dos pulgadas y media (6,35 centímetros) de ancho, aquí y allá aparece como si el pie estuviera hendido, pero en la generalidad de sus pasos, la impresión de la pezuña era perfecta y continua. En el centro, la nieve permanece entera, mostrando simplemente la costra externa del pie, que, por lo tanto, debe haber sido convexa (…).

Todos se preguntan, pero nadie es capaz de explicar el misterio; los pobres están llenos de superstición, y consideran que es poco menos que una visita del viejo Satanás o de algunos de sus diablillos”.

Teorías antidemonios

Tantos fueron los testigos de las huellas que la historia fue perdiendo credibilidad, ya que se encontró que algunas de éstas fueron creadas por algunos de ellos, con diversas finalidades, como asustar a ciertos vecinos indeseados, como opinó Mike Dash en un artículo, publicado en 1994, para “Fortean Studies”, titulado “The Devil´s Hoofmarks: source material in Great Devon Mystery of 1855”, y quien se decantó porque muchas de estas huellas podían haber sido dejadas por burros o caballos, y otras por ratones de madera, los cuales se desplazan dando saltos, y la huella que dejan las patas traseras, en arco, serían similares a las de herradura. Pero ni son tan grandes como para dejar huellas de ese tamaño, ni sobrevirían a un trayecto tan largo nevado, y mucho menos podrían acceder a tejados y paredes con tanta facilidad.

El novelista británico Geoffrey Edward West Household teorizaría sobre un globo experimental, una especie de prototipo meteorológico, que despegaría por error desde la base naval Devon Dockyard, pero que se mantuvo en secreto, dado los destrozos en viviendas e invernaderos al pasar por estos. Los grilletes en los extremos de las amarras, al tocar con la nieve, habrían dejado estas huellas, hasta que descendió en Honiton. Esta historia se la relató el mayor Carter, nieto de un trabajador de la base en aquella época. Lo incomprensible es que no se hubiese quedado atrapado en algún lugar, si las cuerdas iban colgando.

Tejones y canguros

Otra hipótesis fue publicada en “The Illustrated London News”, en julio de 1855, una carta del naturalista Sir Richard Owen, en donde exponía que el responsable (o responsables) podía ser un tejón, único plantígrado cuadrúpedo presente en la isla:

“El antepié y la pata trasera, comúnmente más o menos mezclados, pueden producir la apariencia de una línea de pasos individuales”.

Esta sería la explicación con la que estas huellas pareciesen hechas por un bípedo. Ante la duda de si el animal no estaría en proceso de hibernación, aclaró lo siguiente:

“El tejón duerme mucho en su refugio de invierno. Pero no hiberna de forma tan regular y completa como lo hace el oso en el clima más severo de Canadá (…). El tejón es nocturno, y sale ocasionalmente al final del invierno, cuando es presionado por el frío y el hambre; es un merodeador furtivo, y el más activo y perdurable en su búsqueda de comida”.

No fue la única carta con teorías animales enviada a “The Illustrated London News”. El reverendo GM Musgrave, de Withycombe Raleigh, mandó una en la que menciona a dos canguros que escaparon del recinto de un zoológico privado:

“En el transcurso de unos pocos días se hizo circular el informe de que un par de canguros escaparon de un zoológico privado (el del señor Fische, creo), en Sidmouth”.

Una historia que acabaría desmintiendo él mismo, con otra carta enviada al mismo diario, el tres de marzo de 1855:

“Encontré una oportunidad muy adecuada para mencionar a los canguros, en alusión al informe y luego al actual. Ciertamente, no puse mi fe en esa versión del misterio, pero el estado de la mente pública de los aldeanos, temiendo salir después de la puesta de sol, bajo la convicción de que esta era la obra del Diablo, hizo muy deseable que un giro debiera ser dado a una noción tan degradada y viciada. Y estaba agradecido de que un canguro sirviera para dispersar ideas tan despectivas”.

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¿Serías capaz de sobrevivir a un ataque de Michael Myers?

Soy de esos escritores que defienden el proceso de documentación más allá de una mesa rodeada de libros, por lo que es necesario poner en práctica algunas cosas para ver si son viables o no. Por eso, y ya que tenemos Halloween a tiro de piedra, qué mejor que comprobar si seríamos capaces de sobrevivir a un ataque del asesino slasher Michael Myers, de la película «La noche de Halloween», a quien no se le ve correr en ningún momento, pero siempre acaba atrapando a sus víctimas. Para ello, se ha añadido el factor nocturno, la puerta cerrada con llave y la tensión del momento, como ocurre en la película. ¿Cuál habrá sido el resultado? ¿Más víctimas salvadas o el asesino habrá ganado por goleada? 💀

@ivan_mourin

Ahora que se acerca #halloween y como #escritor de #terror que soy, tenía que probar si es posible sobrevivir a #MichaelMyers si este no corre 💀😂 #risas #escritura #mourinastico

♬ Halloween Theme – John Carpenter & Cody Carpenter & Daniel Davies
@ivan_mourin

Y aquí llega la segunda parte sobre si se puede sobrevivir a #MichaelMyers si empieza a perseguirte 💀 #humor #halloween #escritor #escritura #terror #mourinastico

♬ Halloween Theme – John Carpenter & Cody Carpenter & Daniel Davies