Publicado en Consejos de escritura, Escritura, TikTok

¿Serías capaz de sobrevivir a un ataque de Michael Myers?

Soy de esos escritores que defienden el proceso de documentación más allá de una mesa rodeada de libros, por lo que es necesario poner en práctica algunas cosas para ver si son viables o no. Por eso, y ya que tenemos Halloween a tiro de piedra, qué mejor que comprobar si seríamos capaces de sobrevivir a un ataque del asesino slasher Michael Myers, de la película «La noche de Halloween», a quien no se le ve correr en ningún momento, pero siempre acaba atrapando a sus víctimas. Para ello, se ha añadido el factor nocturno, la puerta cerrada con llave y la tensión del momento, como ocurre en la película. ¿Cuál habrá sido el resultado? ¿Más víctimas salvadas o el asesino habrá ganado por goleada? 💀

@ivan_mourin

Ahora que se acerca #halloween y como #escritor de #terror que soy, tenía que probar si es posible sobrevivir a #MichaelMyers si este no corre 💀😂 #risas #escritura #mourinastico

♬ Halloween Theme – John Carpenter & Cody Carpenter & Daniel Davies
@ivan_mourin

Y aquí llega la segunda parte sobre si se puede sobrevivir a #MichaelMyers si empieza a perseguirte 💀 #humor #halloween #escritor #escritura #terror #mourinastico

♬ Halloween Theme – John Carpenter & Cody Carpenter & Daniel Davies
Publicado en Anécdotas, Escritura, Recomendaciones, TikTok

Un consejo para escritores que empiezan

Ayer recibí un paquete de parte de mi buen amigo, el escritor RODRIGO PALACIOS, y eso me hizo reflexionar sobre algo que puede ser de mucha ayuda para aquellos que empiezan a escribir. Si quieres saber de qué se trata, te invito a que veas el siguiente vídeo subido a mi cuenta de TikTok.

Publicado en entrevistas y colaboraciones

Vuelve «Basado en hechos reales»

Con el inicio de la octava temporada del programa radiofónico de misterio «Informe Enigma», dirigido y presentado por JORGE RÍOS, regresa mi sección «Basado en hechos reales», donde hablamos de películas y series que, como el nombre bien indica, están inspiradas en acontecimientos reales, con mayor o menor fidelidad. Para esta ocasión, la elección ha sido bastante fiel a lo que ocurrió en su día: «Mindhunter». Si no la has visto, te recomiendo no esperes más tiempo para hacerlo (disponible en la plataforma Netflix»). El programa está disponible en el siguiente enlace 😄

Ir a descargar

Publicado en Artículos

«Ojalá vivas tiempos interesantes» (Maldiciones orientales, 2ª parte)

En la cultura china existen tres maldiciones principales, centradas en el daño social y en el nivel de vida, y que se definen con las frases que recita el que las lanza: «Ojalá vivas tiempos interesantes», «Sea que gente importante conozca bien tu nombre» y «Ojalá se cumplan tus deseos».

En la primera, el deseo de mal se centra en que la víctima padezca toda clase de desgracias relacionadas con crisis económicas, enfermedades, guerras…, todo lo que rompa la calma y el bienestar.

La segunda, es una llamada de atención a las autoridades, a la justicia, contra aquellos que han cometido actos ilegales, sin recibir castigo. La detención, el juicio y el castigo contra éstos sería la finalidad de esta maldición.

Y la tercera, es aquella en la que todo aquello que desee, que se ambicione, se vuelva en contra.

Cuidado con los baños

Dentro del folklore japonés, se menciona que algunos baños pueden estar malditos. En concreto, los aseos de los colegios, el tercero de la tercera planta, y, en especial, si están sucios. Aquí habitaría Hanako-san o Toire no Hanako-san(Hanako, la del inodoro), un yūrei con aspecto de niña, vestida con una falda roja, y el pelo corto y negro. Los alumnos suelen evitar este baño, e intentan tener todos lo más limpio posible para que no aparezca. Aun así, se cuenta que puede notarse su presencia tras la puerta sin necesidad de abrirla, y molestarla puede ser mortal. También se dice que, si se golpe tres veces la puerta y se pronuncia repetidas veces su nombre, esta responde con un «Sí, aquí estoy». Algunas versiones mencionan que esta voz es gutural, perteneciente a una criatura monstruosa tricéfala o a un demonio; en otras, como en Yokohama, aparece como una mano ensangrentada por el retrete para arrastrar a aquel que la invoque dando más de tres vueltas alrededor de éste.

Pero no es el único espíritu maldito que frecuenta los baños. En los públicos de mujeres, en el último de éstos, mientras se usa, si se escucha una voz femenina que dice «¿Papel rojo o papel azul?», no tienes escapatoria: Aka Manto (Capa Roja) viene a por ti. Se manifestarán dos rollos de papel de estos colores, y si se escoge el azul, cortará las piernas a su víctima; si es el rojo, la desollará lentamente. No responder equivaldrá a muerte, y dar una con un color diferente abrirá un agujero dimensional que conduce al más allá.

Brujos de Siquijor

La Isla de Fuego, o Siquijor, en Filipinas, es la tierra de los mangkukulam, mambabarang o mamalarang. Estos chamanes realizan un ritual, el paktol, durante siete días, a las doce, utilizando un cráneo humano y una fotografía del binarang (la futura víctima), recitando el conjuro, y enterrándola después.

Estos brujos y brujas crían enjambres de escarabajos carnívoros en canutos de bambú o botellas, alimentándolos con raíces de jengibre. Éstos acceden al interior de las víctimas por orificios corporales, como boca y oídos, generando infecciones y daños en los tejidos al alimentarse de ellos. En algunos casos, si la víctima muere y no es descubierta a tiempo, los insectos anidan en su interior hasta la puesta e incubación de huevos.

Maldiciones infantiles

Tailandia es un país muy supersticioso: las creencias tradicionales se entremezclan con una extensa colección de supersticiones ligadas con maldiciones y espíritus, profundamente arraigadas en todos los estratos sociales. Cosas simples, como cortarse el pelo en miércoles o escuchar el sonido de un geco, pueden traer mala suerte, y es muy habitual hacer consultas a adivinos o acudir a monjes budistas para que recomiende para que aconseje cuál es el mejor día para casarse. Pero, en ocasiones, parece que este tipo de creencias puede afectar a turistas que visitan la ciudad. Así le ocurrió a una pareja australiana, que compartió la experiencia de una posible maldición:

“Mi novio y yo acabamos de regresar de un viaje de diez días a Koh Samui y Phuket. El miércoles de la semana pasada estábamos comiendo en un restaurante al aire libre, en donde los vendedores ambulantes y los niños vendían flores y brazaletes, etc. Traje algunos que, obviamente, eran buenos para ellos, pero luego mi novio se inquietó cuando estábamos tratando de comer, siendo un poco grosero con ellos.

Querían vendernos flores, y mi novio los espantó. De todos modos, compré dos flores, y regresaron poco después. Mi novio los volvió a espantar. Entonces, uno de los niños corrió hacia él, lo miró a los ojos, respiró en sus manos ahuecadas y las colocó en el antebrazo de mi novio. Recuerdo que estaba preocupada en ese momento, pensando en si no se trataría de algún tipo de maldición.

De regreso, en Australia, ya hace cuatro días, el lunes por la noche mi novio comenzó a enfermarse gravemente. Anoche lo llevamos a la sala de emergencias, donde lo examinaron para detectar si se podía tratar de meningitis, hepatitis, etc. Los análisis de sangre preliminares estaban limpios y lo enviaron a casa. Tiene fiebre intensa, dolor de cabeza agudo y está muy pálido. Puedo notar su pulso palpitando en las venas y la cabeza.

¿Creéis que puede ser debido a una maldición? ¿Qué tengo que hacer? Leí que podríamos visitar a un monje budista”.

Las respuestas fueron de lo más variopintas, como la de alguien que decía ser tailandés y aconsejaba lo siguiente:

“Tienes que llevarlo de regreso a Tailandia lo antes posible. Las únicas personas que pueden ayudar en este caso son los monjes de Don Sak. Es importante que lo hagas la próxima semana o le sucederá algo terrible. Tenía un amigo que le había pasado lo mismo y, tras tres horas con el monje, estaba totalmente curado”.

U otras que daban rituales de qué hacer:

Compra algunas flores, limones y limas. Una buena mezcla de crisantemos será excelente:

Vierte todos los pétalos de siete flores (de diferentes colores) en un cubo de agua tibia o en la bañera. Exprime un poco de limón (la mitad) y echa un poco de cal en el agua.

Lava bien todo el cuerpo: la cabeza, la cara, la parte inferior de los pies y el cabello con esa mezcla de agua durante, al menos, diez o quince minutos. 

-Di algunas oraciones, como, por ejemplo, «Por favor, mal espíritu, vete…», si no eres practicante de ninguna religión. Debe de ser sincero y no bromear.

Luego, coloca todos los pétalos en un recipiente pequeño y tíralos a la basura.

Tomar una taza de té (cualquier tipo de hierba) con el desayuno.

Haz esto, por lo menos, durante tres días”.

Puedes conocer más sobre estas maldiciones en los ensayos de misterio «Anatomía de las casas encantadas«, «Descendiendo hasta el infierno» y «Espiritismo digital«, ambos publicados por Ediciones Luciérnaga.

Publicado en Anécdotas, Relatos, TikTok

Amigos imaginarios

«Amiga» fue la primera ficción sonora propia que escribí y grabé, allá por 2019, una historia de miedo relacionada con los amigos imaginarios. La he recuperado para el siguiente TikTok. Recuerda que puedes seguirme en mi cuenta para ver más vídeos 😁

Publicado en Artículos

Maldiciones orientales

¿Puede existir un relato maldito capaz de causar la muerte por miedo en aquellos que lo han escuchado? No hay nada que lo pueda confirmar o desmentir, pero se menciona una narración de título “Gozu” (“Cabeza de Vaca”), la cual el gobierno nipón del siglo XVII obligó a destruir toda copia, repartiendo los pedazos por diversas zonas del país para que jamás pudiera recomponerse.

Fotograma de la versión cinematográfica sobre la leyenda «Gozu»

Esta medida fue tomada después de recibir el informe de la muerte de todos los habitantes de una aldea que, tras escuchar la historia de “Gozu”, fallecieron por el pánico días después.

No se conoce de qué trata este cuento, pero todo lo que se menciona al respecto parece formar parte de una leyenda urbana (atribuida al escritor y guionista Sakyo Komatsu), aunque, de vez en cuando, se dan reportes sobre posibles incidentes producidos por haber accedido a esta historia (de nuevo, sin datos que lo confirmen, excepto la rumorología). Es el caso de un profesor que, durante el trayecto en autocar a una excursión, para amenizar el camino, narra esta historia de terror (no se sabe de dónde la obtiene) a sus alumnos, quienes suplican para que se detenga. El vehículo se sale de la carretera, en donde todos los pasajeros son encontrados en un fuerte estado de shock.

El infierno de Tomino

Ilustración basada en «Tomino no Jigoku»

Si el contenido de “Gozu” es desconocido, existe un poema que no debe recitarse nunca en voz alta: “Tomino no Jigoku” (“El infierno de Tomino”), aparecido por primera vez en 1919, en el poemario “Sakin” (“Polvo de oro”), de Saijō Yaso, popular por sus escritos sombríos. Ganó popularidad en 1998, al incluirlo el escritor Inuhiko Yomota en el libro “Kokoro wa rōringusutōn no yōdesu” (“El corazón es como una piedra rodante”), acompañado de diversas ilustraciones escalofriantes, un relato sobre el viaje de un joven por una versión de infierno característico en la tradición budista.

Su hermana mayor vomitó sangre,

su hermana menor vomitó fuego,

y el lindo Tomino vomitó cuentas de vidrio.

Tomino cayó al infierno solo.

El infierno está envuelto en oscuridad,

e incluso las flores no crecen.

¿Es la persona con el látigo

la hermana mayor de Tomino?

Me pregunto de quién será ese látigo.

Golpea, golpea, sin golpear.

Un solo camino del infierno familiar.

¿Lo guiarías al oscuro infierno?

¿Hacia la oveja de oro? ¿Hacia el ruiseñor?

Me pregunto cuánto habrá puesto

en el bolsillo de cuero

para la preparación del viaje

por el infierno familiar.

La primavera llega incluso en el bosque y el vapor.

Incluso en el vapor del oscuro infierno.

El ruiseñor en la jaula, la oveja en el carro.

Lágrimas en los ojos del lindo Tomino.

Llora, ruiseñor, por el bosque lluvioso.

Sus gritos de que ha perdido

a su pequeña hermana.

El llanto reverberó por todo el infierno.

Los pimpollos de peonias haciendo círculos

en torno a las siete montañas

y a las siete corrientes del infierno.

El viaje solitario del lindo Tomino.

Si están en el infierno, tráemelos.

La aguja de las tumbas,

no voy a perforarlos con la aguja roja.

En el hito del pequeño Tomino.

Todo parece que no es más que una leyenda urbana surgida en internet, pues es donde se viraliza, pero ahí es donde aparecen posibles testigos que sufrieron los efectos nocivos del poema: locura, muerte, enfermedad, etc.

Matrimonios caninos para evitar el mal de ojo

En algunas zonas de la India, es habitual “concertar” matrimonios entre chicas jóvenes y perros para evitar (o romper) el mal de ojo en éstas. Así le ocurrió a Mangli Munda, una muchacha de dieciocho años, en 2014: un gurú aseguró a la familia que era víctima de una maldición y que el único modo de que la prosperidad regresara a ella era este enlace matrimonial.

El padre se encargó de buscar a un perro callejero, de nombre Sheru, que pasó a convertirse en el marido de la chica, aunque ésta no estaba a favor. De esta manera, además de desaparecer el maleficio, le otorgaría longevidad y la posibilidad de casarse con un hombre, tiempo después.

La boda fue como la que se realizaría con otro humano, contando con setenta invitados.

La hora del buey

En la denominada “hora del Buey” (de la una a la tres de la madrugada), se realiza un maleficio de origen japonés: el Ushi no koru mairi (Visita al templo en la hora del Buey). Bajo un ritual milenario, se espera poder dañar a una persona en concreto y todo aquello que la rodea, o, en casos extremos, causar la muerte, mediante la invocación de un espíritu maligno que perseguirá a la víctima hasta cumplir su cometido.

Para ello, hay que acceder a un templo sintoísta, al ser necesario un shinboku (árbol sagrado). El responsable de la maldición tiene que ir ataviado con prendas que le den el aspecto de un yūrei (fantasma), por lo que vestirá un kimono blanco y un obi (faja de tela ancha), el rostro pintado del mismo color, además de una cinta en la cabeza con tres velas encendidas en la coronilla, aunque existen más variantes en la vestimenta.

Una vez encontrado el árbol, se clava un muñequito hecho con paja y que contenga algo de la víctima (uñas, pelo, una fotografía, etc) al tronco con siete gosunkugi (clavos largos de hierro) y un mazo de madera, dejando el último para hundirlo en la cabeza de éste. La tradición dice que, en caso de ser descubierto en pleno rito, hay que asesinar inmediatamente al testigo si no se quiere recibir la maldición.

La práctica de este ritual está penada por la ley japonesa.

Puedes conocer más sobre estas maldiciones en los ensayos de misterio «Anatomía de las casas encantadas«, «Descendiendo hasta el infierno» y «Espiritismo digital«, ambos publicados por Ediciones Luciérnaga.

Publicado en Escritura, Relatos, TikTok

¿Listo para otra historia de miedo?

Si te gustó la ficción sonora que publiqué en el anterior vídeo, aquí va otra que preparé ya hace bastante tiempo, titulada «La genialidad«. Para más historias, anécdotas, consejos y recomendaciones, puedes seguirme aquí 😁

Publicado en Escritura, Relatos, TikTok

¿Te gusta el miedo?

Una parte del trabajo que realizo está enfocado a la ficción sonora, creando historias de miedo y misterio y guionizándolas, pero a veces también me gusta realizar las grabaciones y montajes (algo amateur en este sentido, aunque daré una sorpresa en breve 😉). He subido un vídeo con una de estas dramatizaciones a mi cuenta de TikTok. Próximamente, subiré más, crearé más, y publicaré un artículo sobre cómo trabajo en este campo 😁 ¡Espero y deseo que te guste!

Publicado en Anécdotas, Artículos

Mi primera vez…

Si has accedido a esta entrada para saber sobre mi primera experiencia sexual, siento decepcionarte, porque de lo que quiero hablarte es de mi primera vez viviendo el terror (ficticio, por supuesto 😁). Si has leído previamente alguna de las entrevistas que me han realizado o, simplemente, has clicado en la pestaña de «El fabricante», seguramente sabrás que este género fue la fuente que me sirvió y nutrió para ser quien soy como escritor.

Para ello, debemos remontarnos al otoño de 1984. Mi hermano Fernando, once años mayor que yo, estudiante en aquel entonces de Imagen y Sonido en el actual Institut Mare de Déu de la Mercè, en Barcelona, me llevó al cine junto a un primo nuestro, un poco mayor que él. Era la primera vez que pisaba una sala, e iba tan nervioso que no sabía qué me iba a encontrar. No me acuerdo bien si era el Cine Rex o el Dorado, pero sí recuerdo que era uno de la Gran Vía, que la cola que se había formado hasta llegar a la entrada se me hizo eterna, así como el ambiente cargado a tabaco que te recibía nada más llegar al hall, mezclado con el olor de las palomitas recién hechas (siempre este aroma me ha provocado una sensación de felicidad).

Tomé asiento entre mi hermano y mi primo, estirándome sobre la butaca de terciopelo rojo para poder ver un gran cortinaje por encima del reposacabezas delantero. ¿Qué podía esconder? Ni idea, pero mientras comía palomitas, observaba ir y venir a la gente que iba ocupando su localidad, con un eterno murmullo de infinidad de conversaciones que cada se iban amplificando más. Entonces, la cortina se abrió, separándose hacia los lados, dejando al descubierto una enorme pantalla que seguía sin saber para qué servía, y cuando las luces se apagaron, fue inevitable que diera un brinco y mirase a todas partes, sin entender qué ocurría. «Tranquilo», me dijo mi hermano, e hizo un gesto para que mirase hacia adelante.

Al poco, me quedé totalmente hipnotizado ante las imágenes que iban apareciendo, gracias a un haz de luces que podía distinguir por encima de mi cabeza, con una estela de partículas polvorientas circulando por este hasta la pantalla. A su vez, una voz en off acompañaba a un personaje que acababa descendiendo hasta un sótano que escondía una tienda china llena de curiosidades. Allí, el padre del que sería el protagonista de la historia, recibía una caja con una criaturita peluda a la que, para cuidarla adecuadamente, había que seguir tres normas sin excepción: evitar la luz del sol (o cualquiera lo suficientemente potente), ningún contacto con el agua, y nada de darle de comer pasada la medianoche.

Si con esto te ha venido a la cabeza la película «Gremlins», has acertado. Desde el instante en que vi a Mogwai, más conocido como Guizmo, no pude apartar los ojos de la pantalla, y, curiosamente, aún más cuando las mutaciones nacidas de éste, esos duendecillos verdes, gamberros y de apariencia terrorífica que dan nombre a la película, tomaron el protagonismo. En lugar de causar alguna sensación similar al miedo, provocaron en mí una fascinación que ha dejado mella hasta el día de hoy. Es cierto que hay escenas un tanto repugnantes, como la de la cocina, donde la madre de Billy Peltzer (interpretado por el actor Zach Galligan) debía enfrentarse a algunos de estos diablillos verdes, pero sólo pensaba que aquello parecía un festival de blandiblub. Y cuando llegó el momento en que todos los gremlins están disfrutando de la película «Blancanieves y los siete enanito» en una sala de cine, me sentí parte de ese grupo tan peculiar.

En aquella época, eran frecuentes las sesiones dobles, en las que podías ver dos películas seguidas, y tras ésta venía «Un, dos, tres… ¡splash!», una comedia romántica con Tom Hanks y Daryl Hanna como protagonistas. No aguantamos muchos minutos, porque sólo tenía ganas de llegar a casa y contar a mis padres, con todos los detalles que pude, lo que habíamos visto. Después, al día siguiente, me dediqué a hacer dibujos de los monstruillos… Lástima no conservar ninguno. Aunque, como podrás imaginar, no eran nada del otro mundo, en especial al ser hechos por un niño de cuatro años, habría estado bien comprobar la pasión que había puesto en este trabajo, la misma que le pondría después a cada uno de mis escritos, lo que intento seguir haciendo, con mayor o menor acierto.

Esa experiencia cinematográfica abrió un campo enorme ante mí, sin saber siquiera que podría ser para bien, para desarrollar mi creatividad. Por eso, un consejo que siempre doy es que no hay que dejar nunca de lado aquello que ha despertado un resplandor especial en nuestro interior, aunque esto no siga las modas ni las normas «de bien»; que jamás te impongan que un género «es menor», porque ¿quién es el dicta que uno es mejor que otro? Afortunadamente, todos tenemos decisión y gustos propios, y debemos disfrutar de, por y para ello. Yo lo hice, y lo sigo haciendo. Desde aquel otoño de 1984, nuevas películas de género fantástico fueron llegando, en pantalla grande y pequeña, como «Willow» unos años después o «Pesadilla en Elm Street», y lo que me sirvió como empujón definitivo fue el descubrimiento de la literatura de terror, con nueve años… pero eso ya te lo contaré otro día, como el momento en que me encontré con Joe Dante, director de «Gremlins», 30 años después de pisar aquella sala de cine.

Los sueños se cumplen. Sólo hay que saber encontrar el camino correcto, aunque no siempre tomamos el adecuado al principio. Soy un especialista en perderme, créeme; ya te darás cuenta de ello 😅

Publicado en Artículos

Casas malditas en el celuloide

En septiembre de 2015, daba comienzo el rodaje de una de las películas de terror más esperadas de 2016: la secuela del título “Expediente Warren”, y del modo más polémico. New Line Cinema, productora de la misma, publicó en las redes sociales una fotografía en donde un sacerdote bendecía el set de rodaje y a sus participantes. Era el modo de asegurar un buen inicio alejado de posibles fenómenos paranormales, como había sucedido en el título original, y en su precuela “Annabelle”, en donde el director de ésta última, John R. Leonetti, afirmaba haber visto una huella demoníaca de tres dedos en la ventana de una de las habitaciones, o haberse registrado accidentes en el plató, como la caída de una lámpara en la cabeza de uno de los actores.

Fotografía del momento en el que un sacerdote bendice el set de rodaje «Expediente Warren: El caso Enfield»

Casualidad o no, la actriz Vera Farmiga, quien interpreta a Lorraine Warren en la pantalla, halló unas huellas en su ordenador portátil de origen desconocido mientras estudiaba el guión de “Expediente Warren: The conjuring”, y, más tarde, en una de sus piernas al despertar un día.

Todo esto parece, como dicen muchos, publicidad para la película, pero ¿cómo no actuar con cierto temor y cautela ante rodajes basados en hechos reales tan intensos, como el poltergeist de Enfield?

Lugares infectados

Shirley Jackson exponía en su obra “La maldición de Hill House” que algunas casas nacen malditas. Algunos rodajes, también. En especial, aquellos que parecen estar centrados en temas sobrenaturales, con entidades demoníacas de por medio o el mismísimo diablo. Y si además éstos están inspirados en casos reales, existe una predisposición (o predestinación, si se prefiere)­ a que los problemas surjan.

Así sucedió con “Expediente Warren: The conjuring”. La historia original se centraba en la familia Perron, un matrimonio con cinco hijas que, en la década de los 70, había comprado una antigua casa en el 1677 de Round Top Road, en Harrisville, Rhode Island. Desde el mismo instante en que se instalaron, entidades que campaban por cada recoveco de la casa se les presentaron (un alto número, al parecer. Hay que pensar que unas ocho generaciones habían vivido en aquel inmueble): algunos más activos, otros bastante sólidos, hasta el punto de poder interactuar con ellos, mientras otros parecían no prestarles ninguna atención, como si fuesen el resultado de una proyección cinematográfica. Todo bien al principio, hasta que los fenómenos se volvieron más violentos, teniendo que recurrir al matrimonio Warren, Ed y Lorraine, afamados investigadores de lo sobrenatural.

Una foto del siglo de XIX de la casa en la que vivió la familia Perron

Tras una de las sesiones espiritistas que allí se practicaron, una presencia maligna, realmente perversa, despertó, o destacó sobre las demás. Al parecer, se trataba del espíritu de una bruja, llamada Betsabé (Bathsheba en la película, como el personaje bíblico), conocida por la gente de la zona por sacrificar a un bebé en nombre del diablo y por ser artífice de varios asesinatos y suicidios aparentes, aunque no se pudo demostrar en su día, y que falleció en la finca de una extraña parálisis, ya anciana, en 1885. Un ente violento con fijación sobre Carolyn, la madre de la familia, a quien acosaba por las noches y que actuaba de un modo defensivo hacia la casa, al considerarse única dueña de ésta.

La película del director James Wan tiene, como espectro principal, a Bathsheba, a la que los Warren consiguen expulsar mediante un duro exorcismo, cosa que no lograron hacer en la realidad. Aunque, por cómo cuenta el equipo de rodaje, ésta pudo estar presente durante la filmación. Esta idea surge, independientemente de pequeños incidentes que padecieron y que pueden ser frecuentes en grabaciones de este tipo, donde la sugestión juega un papel importante, porque Betsabé pudo ir directamente a por Carolyn: toda la familia Perron, excepto ella, decidió acudir al set de rodaje, y la mujer sufrió un pequeño accidente, acabando en el hospital. Pero no quedó ahí la cosa: como si se hubiese sentido ofendida por cuál era el final que le esperaba en la película, el hotel en donde se alojaba el equipo se incendió, obligándolos a desalojarlo.

Edificios que se convierten en iconos

Los Perron abandonaron la casa en los 80, y los posteriores dueños, Norma Sutcliffe y Gerry Gelfrich, un matrimonio septuagenario, confirmaron ciertos fenómenos, pero nada tan intenso. El problema real acabó llegando después, y fuera de la casa: gracias al éxito de la película, las visitas de los curiosos eran frecuentes, hasta el punto en el que querían entrar en la vivienda e investigarla. Los siguientes propietarios, Jenn y Cory Heinzen, supieron explotar esto, desde que la adquirieron en 2019, alquilando la propiedad para poder realizar investigaciones paranormales en su interior, hasta que, recientemente, fue de nuevo vendida por más de un millón y medio de dólares.

El principal inconveniente, cuando las películas son capaces de adquirir la cualidad de icónicas y se ruedan en localizaciones reales, es que éstas puedan heredar la misma extraña fama. Ha sucedido, por ejemplo, con el edificio Cedimatexsa, en el número 34 de Rambla de Cataluña, Barcelona, en donde se rodaron dos (y el inicio de otra) de las cuatro partes de la saga de terror “REC”, y donde se sabe que la gente intenta colarse en busca del ático de la niña Medeiros. Pero uno de los más visitados (desde el exterior, claro) es el edificio Dakota, en Nueva York, conocido no sólo por el asesinato a sus puertas del cantante y compositor John Lennon, tiroteado por el fanático Mark David Chapman, sino por ser lugar de nacimiento del Anticristo en la película de Roman Polanski, “La semilla del diablo”. ¿Es posible que éste escogiera esta construcción, tan elegante como sombría, conociendo toda la oscura historia que aloja entre sus paredes?

Una de las fachadas del edificio Dakota

Construido en 1884, se podría decir que fue un capricho de Edward S. Clark, propietario de la compañía de máquinas de coser “Singer”, para la clase burguesa, un edificio exclusivo a las afueras, en aquella época, de Manhattan, una zona aún sin construir que lo convertía en un punto exclusivo, pero por poco tiempo, debido a la rápida expansión de la ciudad. Clark jamás llegó a habitar en el Dakota, pues falleció antes de concluir la construcción, pero eso no ha impedido que algunos inquilinos lo hayan visto en el sótano. Y no es la única presencia, además de la de John Lennon. Tal vez los responsables de esto fuesen el actor Boris Karloff o el mago negro Alesteir Crowley, antiguos habitantes y cuyas sesiones espiritistas eran muy renombradas, y efectivas. Puede que en una de éstas despertaran algo, como sucedió con los Warren en la casa de los Perron, o abrieron un portal, porque es a partir de los años sesenta cuando se conocen noticias de apariciones fantasmales, siendo la primera la de una niña pequeña, de ropajes antiguos y cabello rubio, así como pisos que parecían adquirir, por segundos, el aspecto de décadas pasadas, y pequeños fenómenos poltergeist.

Habitación 217

En ocasiones, un retiro en un hotel puede servir de inspiración para crear una de las mejores novelas de terror publicadas y, a su vez, ésta servir para forjar un clásico del cine.

Eso le sucedió al escritor Stephen King.

En 1973, el autor de best Sellers, como “Carrie” o “It”, y su esposa, Tabitha, se alojaron por una noche, la última de la temporada, en el hotel de montaña Stanley, en el Estes Park, Colorado. Eran los únicos huéspedes, así que King pudo recorrer los largos y laberínticos pasillos con total libertad, mientras su mente iba trazando el argumento para su futuro libro: “El resplandor”. En alguno de estos tramos, una de las leyendas narra que se encontró con el espectro de unos niños, y, en otra, que se encontró en medio, en aquella noche interminable, de una fiesta fantasmal, con huéspedes del pasado, en el salón de baile MacGregor. Pero lo que más pudo influir en la creación de la novela fue la habitación en la que se alojaba, la 217 (en el libro, pasa a ser la 237), en donde ruidos desconocidos, y alguna que otra presencia, no permitieron que descansara demasiado bien. Y es que ese dormitorio es el punto más caliente, con mayor actividad, y el más solicitado en las reservas.

El Stanley Hotel, al inicio del siglo XX

Poco después de la inauguración del Stanley Hotel en 1909, en el año 1911, una ama de casa, llamada Elizabeth Wilson, recibió, en la habitación 217, una descarga durante una tormenta eléctrica y, aunque ésta no la mató, parece que fue un factor más que probable de inicio para toda una serie de fenómenos que han seguido hasta el día de hoy.

La cosa no queda ahí: otras anomalías de difícil explicación afectan a varios dormitorios, como movimientos de objetos y alteraciones en el sistema eléctrico, y correteos sin dueño y risas infantiles en la cuarta planta.

Con el éxito de la novela y la película de Stanley Kubrick (una adaptación muy libre que desagradó a King), y una miniserie que sí fue rodada en el edificio original, el Stanley Hotel ha sabido explotar de un modo comercial su fama de embrujado. Desde fiestas temáticas a visitas guiadas por un investigador de lo sobrenatural y una psíquica en busca de fantasmas, a la reconversión en museo y plató cinematográfico.

Fotograma de la película «El resplandor»

Un palacete asturiano

En nuestro país también hay rodajes perturbadores. Un ejemplo es el de “La campana del Infierno”, filmada en 1973, una película cuyo argumento giraba en torno a una venganza familiar. Uno de los escenarios era la iglesia de San Martiño de Noia, en A Coruña, un edificio del siglo XV compuesto por dos torres, una de ellas inacabada, y con una leyenda sobre ésta: aquél que la complete, morirá de forma trágica. Y así fue: Claudio Guerín, el director, llenó este vacío arquitectónico con una construcción de cartón piedra, desde la que cayó en una de las tomas, muriendo minutos después. Juan Antonio Bardem tomó el relevo de la dirección. Otro ejemplo, este un tanto diferente, está “Los sin nombre”, en donde, según confirmó su director, Jaume Balagueró, en una entrevista para televisión, una figura que nadie vio durante una toma, que se filmaba en el Hospital del Tórax de Terrassa, se coló en ésta. Pero si hablamos de película sobre fantasmas, deberíamos trasladarnos hacia Llanes, en Asturias. Allí se levanta un palacio de estilo indiano, en donde se rodó parte de la ópera prima de J.A. Bayona, “El orfanato”.

Villa Parres, fechada en 1898, propiedad del filántropo José Parres Piñera, quien falleció un año después de la construcción, fue orfanato, hospital militar y, finalmente, escenario de varias películas, como “Mi nombre es sombra”, de Gonzalo Suárez, pero parece que es con la película de Bayona cuando los moradores de la casa decidieron destacar. Ruidos extraños que se colaban en las tomas de sonido, pasos que se escuchaban en pisos superiores cuando estaban vacíos, rostros fantasmales visibles tras las ventanas del torreón principal, inaccesible… aunque nada desagradable que llegara a turbar el trabajo del reparto y el equipo.

Jiko bukken

El cine oriental es prolífico en lo que se refiere a películas de fantasmas. ¿Quién no recuerda al espectro de Kayako descendiendo por la escalera en “Ju-on”, o a Sadako trepando por el pozo en “The ring”? Es sabido que muchos de estos rodajes inician con la bendición previa por parte de un monje o se rodean de amuletos y rituales para alejar la mala suerte, y no es de extrañar, si nos centramos en la mala fama que tienen muchos fantasmas, como los vengativos onryō y la huella que dejan en muchos inmuebles. De ahí que las inmobiliarias japonesas, para cubrirse las espaldas ante la alta demanda de viviendas, dispongan de los llamados jiko bukken (edificios suceso), en donde los precios pueden abaratarse hasta un cincuenta por ciento por la presencia de un yūrei.

Fotograma de la película «Ju on»

Muchos de los temas tratados en este artículo se tratan con mayor amplitud en los libros “Anatomía de las casas encantadas” y “Espiritismo digital”.